06.12.2023
Jamás pensaste que de las paredes se podría desprender calor hasta que viste arder la casa en llamas
escuchaste los cantos de ellas en medio de los humeantes escombros mientras bailaban descalzas
no se quemaban
Yo sólo quería saber qué o a quién cantaban
Por qué yo tenía tanto miedo y ellas no
Si se supone que yo pertenecía al fuego, no comprendí ¿por qué estaba tan asustada?
Era todo mi mundo ardiendo
Todo cuanto había construido ardiendo y cayendo como en una demolición
Entonces una de ella de ojos verdes salió manchada de hollín con una sonrisa que transmitía alegría, parecía fluir con el ambiente, me tendió la mano y me miró directamente a los ojos, quería mostrarme la dualidad a la que yo estaba tan reacia a ver, a entender, a contemplar...
me agarró de la muñeca y me manchó con sus finos dedos, finos y... fríos. Tiró de mí y me introdujo en la casa con las demás que bailaban sin las timarse los pies, me abrazaron, no hacía calor, era como si todo fuera de atrezo, ni si quiera pude saber de dónde venía el fondo de la música que se mezclaba con sus cantos.
Me bautizaron con tierra húmeda en el rostro y los brazos y me hicieron tumbarme en hierba húmeda mientras la casa ardía y todas cantaban y bailaban a mi alrededor, me estaban esperando.
Por alguna razón cada vez sentía menos miedo, veía sus cabellos moverse y el tejado de madera de la casa, mi mundo se estaba viniendo abajo conmigo dentro, y ellas no me dejaron sola, se quedaron celebrando el final hasta el último minuto, que duraría una eternidad.
Luego todo fue silencio.

