16.10.2023

El espectro de mi sombra me persigue intentando consolarme en el pasillo de camino que atravieso en soledad

Las paredes gélidas, frías, de este castillo monumental. Me paseo desnuda y la luz de la luna se muere por mi piel acariciar.

Le devuelvo la mirada cristalina y envasada al vacío que me ha dejado el destino.

Pero ella manda a sus estrellas a ayudar, fuego aportar a esta criatura inífuga, pero mi cómplice no comprende las señales.

No ansío calor, pues si ella pudiera tocar mi piel sabría que cada piedra cuya mano poso acaba ardiendo y creando un vaho insólito.

La cría del dragón en el castillo codeándose con el satélite. Me subo a lo alto de la torre y estiro los dedos para poder alcanzarte.

Tus labios, el color de tus ojos, la sutil simetría que traza todo tu perfil en mi mente hasta destrozarme por completo. Me quedo sin aliento.

Entre madera vieja que cruje empujada por el viento y algunas hojas cría blanca baja hasta el jardín.

Y se posa tímidamente, ante la enorme bola blanca que la aprecia y cuyo cuerpo puede abarcar en su sabiduría.

- Estás desnuda ¿Por qué?

- Tú también estás desnuda, sólo quería estar en igualdad de condiciones.

- Veo tus heridas.

- Veo tus cráteres, también son heridas.


El silencio sepulcral deja un aura de complicidad y empatía que pocos pueden respetar o comprender. Bajo la lámina blanca del recuerdo se esconde este encuentro incierto que engulle cada emoción como si se alimentase de ella.

Y así pueden pasar ciclos lunares, bebiendo de recuerdos porque crear nuevos se ha vuelto un deporte de riesgo.

Salud.






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