24 nov 2019

El pasado tiene grietas donde nadie quiere asomarse.
Pero a veces las grietas crecen inevitablemente y no hay más remedio que saltar sobre ellas para no caer.
A veces son abismos.
Tienen trazados que las hacen únicas, y basta con que se forme otra grieta con rasgos semejantes para desviar la mirada y sentir cómo se te encoje el corazón.
Cómo la bofetada de la improvisación golpea tan fuerte que nos ahuyenta, como la grieta.

Y nos escondemos en un recoveco de nuestra alma donde nos sentimos seguros, nos sentamos y nos abrazamos las piernas sopesando que sino nos movemos demasiado no se abrirán más grietas.

No tendremos que huir más.
Basta de improvisar.
De bofetadas.

Aquí hace tanto frío que me duele respirar.
Duele más que llorar.

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